El amor y la guerra son la misma cosa, por ellos, para ellos o en ellos, todo vale.
Ahora que he decidido romper el armistico y comenzar la guerra, voy a pedir la nacionalidad yugoslava. Ni croata, ni albana, ni macedonia, ni kosovar, ni serbia, ni eslovena, ni montenegresa.
Yugoslava, con toda su idiosincrasia. Para no tener que justificarme si me paso el día borracha, rompo sin motivo vasos contra el suelo, me lío a hostias con mi hermano o hago locuras por amor.
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