martes, 11 de mayo de 2010

Esas flores raras


Hacía tanto tiempo que no viajaba en tren que lo había olvidado. El tren tiene algo romántico y melancólico. Incluso ir en uno de cercanías puede llegar a ser un pequeño placer, siempre que no sea en hora punta, claro está.


A mí, por llevar la contraria, me gusta sentarme en el sentido contrario a la marcha, de esta manera vas viendo cómo lentamente vas dejando tu origen atrás, ves el camino recorrido y los cambios en el paisaje que se van produciendo.


Hoy me ha sorprendido la primavera y su explosión de color. He visto amapolas. Amapolas urbanitas, flores raras que brotan en cualquier lugar con la sola condición de ser inaccesibles. Inaccesibles como los aledaños de las vías del tren donde florecen, desafiando con su existencia a todo aquel, que como yo, se siente tentado de cortar un buen ramo y pasear orgullosa con él por el centro de la ciudad.