Nunca ha participado en la Marathon.
Ni siquiera, una vez en ella, piensa en que vaya a alcanzar la meta, pero ahora, cuando no lleva ni 500 metros, se da cuenta de que no quiere ser la última.
A los 505 metros ya se ha enganchado con el dorsal (y estampado contra el suelo).
lunes, 12 de septiembre de 2011
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